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La vida se ha puesto juguetona últimamente. Pero desde que a un desaprensivo, macho o hembra,  se le ocurrió crear muñecos diabólicos, ni de de los juguetes se puede uno fiar; de los compañeros de juego menos.

A mi me trajeron al hospital para hacerme unos análisis de nada y me he quedado sin poder decir esta boca es mía, sin poder dar rienda suelta a le emoción que me invadirá todo lo invadible cuando vea al primer político del país que dimite, entregar acta, sueldo, poder de diputado, todos los beneficios que contiene el chollo, vamos, por cumplir la promesa que hizo a los suyos de no permitir que gobierne un partido indecente e infrahumano. Esta noche, cando oiga a Pedro Sánchez defender la dignidad socialista sobre los girones en los que la han convertido, y exigir con toda la fuerza de su razón que se devuelva el poder de  decisión al Congreso, es decir, a los militantes; esta tarde, cuando oiga el no, me dará  un ataque de orgullo que igual la palmo.

¿Qué exagero? Y qué queréis; esto es España. Aquí un político  roba y se mete en el  bolsillo fondos destinados a paliar los efectos  de un desastre en un país paupérrimo, mientas otro sacrifica tiempo  y reputación por conseguir esos fondos. Porque si hay algo que esté mal visto en este país es ser y presumir de socialdemócrata.

Gracias Pedro Sánchez por haber devuelto a tantos  el valor de sentirse y pregonarse socialistas a pesar de la intoxicación que todos hemos sufrido. Gracias por tu ejemplo de firmeza. Gracias por defender el derecho el derecho de tu militancia a volver a participar en las decisiones más importantes del PSOE y su derecho a participar en su reconstrucción.

Y mucha fuerza; la que necesitamos todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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