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Lo de los avales a los candidatos del PSOE ha sido casi tan fuerte como si se tratara de votos en primarias. Con los 57.000 avales que presentó Pedro Sánchez, no solo se quedaron con la boca abierta Susana Díaz y los suyos. Los principales comentaristas radiofónicos  y telefónicos  del país se quedaron también con la boca abierta y la lengua balbuceante.

En la mañana siguiente a la entrega de avales, mientras aún continuaba su verificación, se produjo un fenómeno digno de estudio psicológico. En cuanto un tertuliano empezaba a salpicar sus frases de pausas para darse tiempo a pensar, tales como “ehhhhh” “ahhhhhhhhhh”, se podía predecir  que iba a defender la postura de Susana Díaz y los suyos, y resultaba evidente que le estaba costando ímprobos esfuerzos marear al público para que no se diera cuenta de que el asunto es indefendible.

Con los artículos de la prensa pasó otro tanto. Para unos, Susana Díaz arrasó, y para convencer de los motivos por los cuales arrasó, el opinante recurre al mareo de lectores vagando por las ramas del bosque de Trillemarka para no caer en la ciénaga de la realidad.

Total, que se trata de marear como sea, de acelerar el carrusel a tope para que a los cerebros de oyentes y lectores, a los que se supone ignorantes e  infantiles, se les desconecten las neuronas y  sean incapaces de estimular el entendimiento que posee todo  adulto en uso de sus facultades mentales por ignorante que sea.

¿Cómo frenar el carrusel? No hace falta frenarlo. Lo mejor es dejar que se mareen los que al aparato se suben para manipular, y enterrar los pies en la tierra para que nada ni nadie nos arrastre al artefacto.

¿Y cómo enterrar los pies en la tierra? Muy fácil. Cuando la voluntad decide aferrarse a la realidad, no hay magia oscura que pueda arrebatar al entendimiento. Se trata de una simple elección; dejarse marear por palabrería huera o hacer oídos sordos a todo lo que no sean argumentos racionales fundados en datos objetivos.

Cuando un articulista o un tertuliano dice que un asunto es muy complejo y que no se debe simplificar, lo probablemente más probable es que empiece a buscar vericuetos para huir de la simplicidad contundente de un hecho al que, por diversas razones, no quiere llegar. Al articulista y al tertuliano le pagan por dar una opinión, y esa opinión está sujeta a motivos e intereses diversos. Un hecho no le permite proteger sus intereses, ni siquiera dejarse llevar por sus preferencias subjetivas. Así que si el hecho no se ajusta a su conveniencia, el opinante se pondrá a saltar de cerro en cerro para evitar mencionarlo.

Lo que explica que la mayoría de la prensa escrita y hablada de este país se devane los sesos para titular con medias verdades que ocultan la verdad. Cuentan con que estamos en la era de la prisa por no perder el hilo de un grupo de whatsapp, los últimos incidentes en un reality, el giro de una serie. Cuentan con que la mayoría no lee la prensa y con que la mayoría de los que la leen, no leen más allá de los titulares.  Cuentan con que un “Susana Díaz arrasa”, por ejemplo, convencerá a los militantes que no les gusta perder, más que el más emotivo de los discursos que Susana Díaz pronuncie.

Con esto en mente y la firme voluntad de no tragarnos nada que nos vendan envuelto en opiniones, por experto y prestigioso que sea el opinante, contaremos con un remedio infalible contra el mareo.

Contra cualquier intento de marear, hay que responder con hechos.

Y la integridad política de Pedro Sánchez se defiende con unos hechos irrefutables.

Pedro Sánchez se comprometió en campaña a que el PSOE que lideraba no permitiría de ninguna manera el gobierno del PP. Cumplió.

El Comité Federal del 1 de octubre decidió por mayoría que el PSOE se abstuviera para que pudiese gobernar el PP. Pedro Sánchez dimitió.

La Gestora impuso la abstención a todos los diputados del PSOE para que pudiera gobernar el PP. Pedro Sánchez entregó su acta de diputado para no sumarse a la abstención.

La abstención dividió al PSOE entre quienes estaban de acuerdo con la decisión del Comité Federal y la Gestora, y los socialistas que no aceptaban bajo ningún concepto que el PSOE permitiera el gobierno del PP.

Contra estos hechos, solo valen opiniones, predicciones de futuribles, irracionalidades varias. Quienes no tienen suficiente fluidez mental o verbal, defienden su postura contraria a Sánchez recurriendo a la falacia o a la mentira  Para evitar subirse a ese carrusel y perder el tiempo dando vueltas con ellos, hay que repetir ad nauseam lo que absolutamente nadie puede negar: los hechos.

He aquí la clave del triunfo de Pedro Sánchez en la recogida de avales y del triunfo que con toda probabilidad obtendrá en las primarias. Pedro Sánchez no ha tenido que convencer a persona alguna con discursos populistas o con argumentos subjetivos. Pedro Sánchez no tiene que producir argumentos de ninguna índole para convencer a persona alguna de que cumple su palabra aunque le cueste su cargo.  Los hechos mondos y lirondos avalan su palabra con toda la contundencia de la realidad.

Quienes intentan marear con opiniones, se aferran al recurso de decir que todo es opinable y que todos tenemos derecho a dar nuestra opinión. Falso. Los hechos no son opinables. Que un hecho invalida cualquier opinión y que una opinión nunca puede cambiar un hecho es un axioma que a nadie en su sano juicio se le ocurre negar.

Por eso, ante los hechos que supusieron el final de Pedro Sánchez como Secretario General del PSOE, sus detractores huyen despavoridos. Quienes intentan defender la abstención, acaban poniéndose perdidos con la porquería que cubre al Partido Popular y teniendo que engañar sobre la influencia del PSOE en el Congreso para que no se les culpe de los desmanes neoliberales del gobierno. Por eso ya ni la defienden. Por eso, los partidarios de Pedro Sánchez no tienen que defenderle de otra cosa que no sea su firme determinación de no entregar el gobierno a un partido corrupto que ha hundido a millones en la pobreza.

Por eso, no hace falta otro remedio contra el mareo que no sea la verdad. Lo demás, a hacer puñetas.

 

 

 

 

 

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