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Y bien, no hay bruto tan bruto que no haya descubierto a estas alturas que en España, los pringados hemos estado trabajando, unos como profesionales y otros como peones, para mantener a políticos que han vivido a costa nuestra permitiéndose lujos que los sin-poder jamás nos podremos permitir.

Todos aceptábamos con más o menos resignación pagar los sueldos de los cargos altos, medianos y menores elegidos por nosotros para gestionar el país; todos aceptábamos subvencionar a los partidos para que pudieran mantener su cotarro y ofrecernos, cada cuatro años, modos de mejorar nuestra vida. Si queremos democracia, hay que mantener a políticos y partidos; no hay otra.

Pero he aquí que la acción de la Justicia nos revela de pronto que ni los políticos ni los partidos se han conformado con las subvenciones, sueldos y privilegios que les pagábamos por ley. Sin vergüenza, sin reparo, sin decencia, políticos y partidos nos han estado robando durante años el dinero que con gran esfuerzo entregábamos al fisco, confiando ingenuamente en que se nos devolvería en servicios  públicos.

Se ha tenido que montar en una universidad todo un equipo de investigación para hacer una auditoría que permita dar una suma fidedigna de todo el dinero que nos han robado en los despachos y despachitos de los politicastros de toda España.  Son miles de millones. Los miles de millones que recortaron a la educación, a la sanidad, a los sueldos de los funcionarios, a los pensionistas, a las mujeres cuya vida depende de la protección de los policías y los jueces, a los policías, a los jueces. Mientras los políticos se desplazan en coches oficiales y acuden tranquilamente a eventos públicos sabiéndose protegidos por sus guardaespaldas, las mujeres amenazadas de muerte por tipos infrahumanos salen a la calle con miedo a encontrarse en cualquier esquina con el puñal asesino. No hay dinero para protegerlas. Las mujeres a quienes tipos infrahumanos han amenazado con matar a sus hijos, tienen que entregar los hijos al asesino en potencia porque así lo ha decidido un juez; porque no ha habido dinero para dotar a la justicia con los medios necesarios para salir de su estancamiento decimonónico; porque los políticos no han querido regenerar a la Justicia para no poner en peligro su impunidad. En peligro están mujeres, niños, enfermos crónicos, familias sin empleo y sin subsidios, ancianos sin asistencia. Sus vidas no valen lo mismo que el bienestar de los psicópatas que utilizan la política para robar.

Nos han robado miles de millones mientras un cuarto de la población caía y sigue cayendo en las cunetas de la pobreza; mientras millones de niños se enfrentan a un futuro de pobreza a perpetuidad heredada de sus padres. Nos han robado miles de millones para comprarse casas, coches; para pagarse viajes, hoteles, comidas, putas.

Y hay brutos tan brutos en este país que, siendo de la clase de los pringados, han seguido votando al partido que más les ha robado. ¿Por qué? Porque es tal el desbarajuste que exhiben los otros partidos, que los pobres no saben a quién votar. ¿Qué el Partido Popular es malo? Pocos se atreven a negarlo. Pero es malo conocido, y ya lo dice el dicho. Más vale un presidente que no se inmuta aunque le rodeen volcanes a punto de erupción, que otro que pueda poner el país patas arriba tras haberlo lanzado de cabeza a un precipicio.

¿Quién vota por Unidos Podemos? Los que están tan hartos que ven un ventanuco a la liberación si se lían la manta a la cabeza. Este triste país ha estado siempre lleno de  gente tan apaleada por la vida que ya no le importa lanzarse a la aventura como último recurso. Alguno consigue derrotar a la adversidad, pero la mayoría se estrella  en el intento. El muro de la realidad no se aparta  para que no se la pegue el que camina sordo y ciego. De todos modos, a nadie se le puede negar bajo ningún concepto el derecho a pegársela. Lo malo es cuando millones deciden arriesgarse poniendo en peligro la estabilidad de todos los demás. No todos tienen espíritu aventurero y nadie tiene derecho a imponer a otro que renuncie a la reflexión. El histrionismo de Pablo Iglesias y los espectáculos que monta Unidos Podemos para hacerse notar, se agradecen. Dotan de cierto morbo a una vida política que resulta insoportablemente tediosa. Pero lo mejor es que pueden disfrutarse  sin miedo a que Pablo Iglesias y los suyos puedan llegar al gobierno, dejándonos a todos medio vivos como los que luchan a lo bestia por sobrevivir en otros países destrozados por el mismo tipo de aventuras. Afortunadamente, los que se lían la manta a la cabeza siguen siendo minoría  en este país.

¿Quién vota por Ciudadanos? Aquellos a quienes les da apuro votar al Partido Popular. Total, parece que son del mismo credo, pero Ciudadanos no huele tan mal como el PP.

¿Y quién vota al PSOE? Cada vez menos. Los gobiernos de Felipe González terminaron tan sucios o más que los del PP que hoy nos escandalizan. Hubo en ellos políticos que robaron para aumentar su propio peculio y otros que robaron para el partido porque ya se sabe que el poder de un partido es directamente proporcional al dinero que se pueda gastar.  Perdió González ante Aznar y dijo al partido y a los ciudadanos, “Ahí os quedáis”. Tenía toda una vida profesional por delante. Zapatero ganó las elecciones a Aznar porque  un golpe brutal de la mala suerte reveló a los ciudadanos hasta qué punto el gobierno era capaz de mentir. Todo empezó tan bien que parecía demasiado bueno para ser verdad. Y el dicho se cumplió en todo su apabullante pesimismo. Zapatero terminó su última legislatura haciendo méritos para que le nombraran candidato a las siguientes elecciones por el Partido Popular. Leyes como la de dependencia, memoria histórica, igualdad, violencia de género y otras se quedaron en engañifas por falta de fondos. Los fondos ya se los estaban llevando a casa muchos del PP y algunos del PSOE. ¿Zapatero no sabía nada? En este país nadie sabe nada que no le convenga saber.

Entonces, ¿no habrá quién nos libre de la pesadilla del PP? ¿Seguiremos tras quienes nos esquilman económica y moralmente como ovejas a las que llevan al matadero? ¿Es que a los pringados de este país ya no les queda ni la esperanza de convertirse en ciudadanos de una democracia, con derecho a exigir respeto a los políticos  cuyo salario pagan con su trabajo?

El 21 de mayo los militantes del PSOE elegirán a su Secretario General. El partido está hoy dividido en dos bandos: quienes se negaron a permitir el gobierno del PP y quienes violentaron todo lo imaginable para conseguir que los diputados del PSOE se abstuvieran para permitir el gobierno del PP. En el fondo no hay más. En la forma, lo que hay es esperpéntico.

Los compromisos de Felipe González con grandes empresarios, financieros y empresas multinacionales le obligaron a utilizar toda su influencia en el partido para librarse de Pedro Sánchez. Sánchez no solo se negaba a una gran coalición con el PP que las altas instancias económicas y políticas de Europa contemplaban como el escenario que tan bien les había servido en Alemania; Sánchez se negaba a pactar con Rajoy; Sánchez se negaba a permitir con la abstención del PSOE que España volviera a caer bajo la férula de un partido inhumano e indecente.  Lo que vino después sobra. Lo sabemos todos. Importa lo que ahora está ocurriendo.

González y las élites del partido ponen a Susana Díaz a dar la cara para evitar que  Pedro Sánchez recupere la Secretaria General devolviendo el partido a sus orígenes socialdemócratas. No hace falta programa, creen. No hace falta que Susana Díaz haga grandes esfuerzos por memorizar un argumentario bien trabado que convenza a los militantes de su idoneidad como líder del partido y luego candidata a la presidencia del gobierno. Los pringados saben que tras ella están los notables del partido. Basta hacerles creer que votar por ella será como votar por el mítico Felipe; será volver a votar con el triunfo asegurado; será votar con el entusiasmo de aquellos pringados que celebraban los triunfos de sus candidatos socialistas, también conocidos en aquella época como la beautiful people.  Susana Díaz, bien maquillada porque ya se sabe que España es machista, repite lo que le han dicho que repita; que va a ganar. Habla de amor, de entrega, de unión fraternal empezando las frases con un pianísimo sugerente que poco a poco va creciendo hasta llegar a un clímax de gritos aplaudidos por el respetable. Eso, repetido en todas partes porque a martillazos se hunde el clavo, y promocionado en los medios más importantes, todos ellos grandes empresas interesadas también en conservar el statu quo, hará que Susana gane de calle. Luego será cosa de convencer a los pringados de todo el país para que la voten en unas elecciones generales. En esas no ganará, pero podrá quedar en segundo lugar, lo que haría posible en España el esplendoroso milagro de la gran coalición con el PP por el que suspira toda la derecha europea.

El día 21 llegará la hora de los pringados; la hora en que los pringados militantes del PSOE dirán en las primarias si ya han sucumbido a la resignación, como los pringados que siguen votando al PP, o si, por el contrario, están dispuestos a votar por un programa dictado por la esperanza de devolver a este país un gobierno que gestione los recursos para el bienestar de los ciudadanos. El día 21 serán los pringados los que decidan si están dispuestos a dejarse engañar por enésima vez o si dan el voto a uno que sacrificó su carrera política por no faltar a su palabra dada a militantes y votantes.

Dicen que el ejemplo de los políticos se contagia a toda la sociedad. El día 21, los pringados militantes del PSOE podrán demostrar si se han contagiado por la miasma que desprenden los políticos corruptos   y los que ejercen la política velando exclusivamente por los intereses de sus partidos sin cumplir con quienes les pagan, o si se han dejado contagiar por la esperanza de regenerar la vida política y social de este país avalando las propuestas socialdemócratas de Pedro Sánchez.

El día 21 los políticos tendrán que callar. Será la hora de los pringados.

 

 

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