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Vuelven a arreciar voces pidiendo a Pedro Sánchez que proponga una moción de censura contra el gobierno. Otra vez le tienden una trampa. La aritmética dice que no hay modo de ganarla. ¿Pactando con Podemos e independentistas catalanes? Eso supondría hacer concesiones, como aceptar el referéndum, por ejemplo.

La matraca del referéndum no para. Se escuda en una proposición que a cualquier amante de la libertad le parece indiscutible; el derecho a decidir. Lo que solo demuestra el uso interesado del lenguaje para manipular conciencias y emociones.

El referéndum es ilegal. Y lo es, no porque lo digan el PP y Ciudadanos y quien lo quiera decir. Lo dice el entendimiento que no esté obnubilado por los sentimientos y las emociones; por el fanatismo. No hay que irse por ninguna rama para entenderlo.

Si se concede a los catalanes el derecho a separarse de España, ¿por qué no a los vascos? ¿Por qué no a los gallegos o a los andaluces? ¿Por qué no dividir a España en minúsculas repúblicas independientes? Esas repúblicas dependerían las unas de las otras para sobrevivir, por supuesto, como también dependerían de lo que haya quedado del reino. Es decir, España se desintegraría dando un salto de pértiga al pasado anterior a la gloriosa creación de Alemania, de Italia; al romántico siglo XIX.

Pero no hace falta perderse en futuribles para augurar el suicidio de España.  La Constitución española manifiesta la unidad indivisible del Estado. Claro que la Constitución puede y debe reformarse, pero no para que permita la posibilidad de que España se suicide.

¿Pueden las diversas  naciones que constituyen España convivir en paz y a gusto? Claro que pueden y podrán con una Constitución que reconozca las diferencias de identidad y los derechos de cada una de esas naciones. Pueden como han podido los Länders de Alemania, los estados de los Estados Unidos de América. ¿Qué no se pueden comparar? Sí se puede y su realidad se puede adaptar a las necesidades propias de la realidad de España.

Que no nos vengan con cuentos utilizando cifras para confundir al personal. Aquí no hay ninguna comunidad que le robe a la otra. Lo que hay son políticos que nos roban a todos y que para ocultar sus chanchullos o los chanchullos de sus partidos, juegan a confundir a los ciudadanos tomándonos por imbéciles.

No habrá referéndum legal. Eso lo sabe cualquiera que piense. La Constitución no se va a reformar para legalizarlo antes del 1 de octubre. ¿Qué el govern saca las urnas por sus atributos provocando sanciones? El resultado beneficiaría a dos personajes: Rajoy como defensor de la unidad de España podría soñar con una nueva mayoría absoluta; Puigdemont tendría que irse a su casa, pero como héroe de la independencia, mártir libertador.

A quienes no beneficiará el referéndum catalán será a los catalanes anónimos. Unos cuantos contenedores quemados por independentistas antisistema no supondrán grandes perjuicios. Lo que sí ya ha perjudicado a todos los catalanes y nos continuará perjudicando es  la fractura social causada por quienes nos han dividido, etiquetando como buenos catalanes a los independentistas y como malos catalanes a quienes entendemos que segregarse de España es de una frivolidad infantil.

Gracias a Franco, los catalanes teníamos fama de intratables, antipáticos, insolidarios y cosas peores. Los independentistas del govern y otros partidos nos han devuelto la mala fama agregando la cualidad de coñazos. Después del 2 de octubre, si pasa algo el 1, tendremos que empezar de nuevo a curar las heridas en casa y a ganarnos la fama que nuestro esfuerzo limpió, desmintiendo las infamias franquistas.

¿Qué pasará después del 1 de octubre si antes no pasa nada que acabe con esta pesadilla? Pasará que todos querremos olvidar la pesadilla cuanto antes y nos pondremos a trabajar para olvidarla como hicimos tras el horror de la guerra civil y los cuarenta años de dictadura.

No hay que ser independentista para ser catalán, muy catalán. Para ser un buen catalán hay que ser fiel a la idiosincrasia que nos transmitieron nuestros antepasados; al cultivo del esfuerzo, del trabajo, de la creatividad y del entendimiento; al cultivo del seny.

España no se va a suicidar ni ninguna de las naciones que la constituyen le va a pedir que se suicide.

 

 

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