¡A la campaña!

Buenos días, amigos

Se acabaron las vacaciones que los políticos se concedieron para pasear por las nubes Independencia, Federalismo, Constitución. Ayer aterrizaron. El PP ha tenido a bien comunicarnos a quien tienen que votar los traga-sapos y culebras que quieran una Europa liberal, enfocada en la contención del déficit, dispuesta a dar al Capital todo lo que le pida, con ojos y oídos clavados en el Dinero. El candidato del PP se llama Miguel Arias Cañete, como sabía todo el mundo menos el presidente del partido, Mariano Rajoy. A partir de mañana toca campaña.

¿Quién montará los eventos ahora que no hay nadie de la Gurtel? A no preocuparnos. Empresas de espectáculos audiovisuales hay mcuhas. El PP tiene dinero suficiente para fichar a las mejores. Tenemos para días de escenarios espectaculares con letras y fotos gigantes, pantallas, luces, música, incondicionales agitando banderitas e interrumpiendo los discursos con aplausos reglados; vídeos divertidos. ¿Y los otros partidos? Más o menos. El que no tenga dinero suficiente para pagar la fiesta, se endeudará. Para los partidos siempre hay crédito.

¿Y el contenido de los discrusos? Está por oírse. Igual resulta que es igual a todo lo que tenemos oído en sopotocientas campañas electorales: promesas, promesas y promesas y promesas sin que ningún candidato se comprometa diciendo cómo piensa cumplir lo que promete. O -no queremos renunciar a la última gota de optimismo que nos queda- puede que algún candidato decida, de verdad, bajar a la calle, y aquí se entera de que no somos tan estúpidos como parecemos. ¿Porque no lo somos, verdad?

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Nos jodemos todos

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¿Democracia? Las definiciones históricas están en Wikipedia. Sirven para trabajos escolares. ¿Qué es eso aquí y ahora?

Para políticos, tertulianos, periodistas del montón o expertos en algo, democracia es la forma de gobierno que tenemos y que no se puede negar que tenemos porque podemos votar cada cuatro años por unos señores y señoras que se van a pasar cuatro años haciendo leyes en nuestro nombre. Si resulta que en su nombre le han dejado a usted sin sanidad, sin medicamentos, sin educación para sus hijos, sin casa,  sin sin…, no haberles votado. Y si resulta que usted no les votó, pero la mayoría sí, pues a fastidiarse porque eso es democracia en su sentido más amplio y profundo: el gobierno de la mayoría.

Pero, monsergas aparte, a la vista de lo visto durante todos los años que lleva la democracia mandando en los países considerados democráticos, ¿qué es democracia?

Se puede decir que democracia es el sistema de gobierno en el cual todos los ciudadanos mayores de edad de un país votan cada tantos años por unos candidatos que utilizan todos los medios para convencerles de que lo harán mejor que los del partido contrario.

Para convencer, los candidatos tienen que llegar al mayor número posible de votantes, por lo que tienen que gastar una gran cantidad de dinero en las campañas electorales. Suele haber un cierto equilibrio entre dos partidos. Los dos gastan burradas y a veces uno, y a veces el otro, consigue que le vote la mayoría. Eso es alternancia, síntoma de democracias robustas, dicen. ¿Tienen posibilidades de ser elegidos por la mayoría los candidatos que no cuenten con el respaldo de un partido o con el dinero necesario para montarse una campaña electoral? No. ¿Cómo se va a enterar la mayoría de lo que proponen?

O sea que en democracia, todo depende de la mayoría. ¿Y quién es la mayoría? Según las estadísticas, la mayoría no lee, ni libros ni periódicos; la mayoría vota sin haberse leído los programas en los que los partidos explican cómo nos van a gobernar si les damos el voto; a la mayoría no le interesa la política ni cree tener responsabilidad alguna en el gobierno del país, excepto la de votar. La mayoría vota respondiendo  a los eslóganes que los candidatos  suministran, por lo que programas y campañas se fundan en criterios publicitarios, no políticos.

Ya tenemos otra definición de democracia un poco más precisa. Democracia es el sistema de gobierno en el cual unos candidatos invierten grandes cantidades de dinero para convencer a una mayoría carente de criterio para que les dejen gobernar en su nombre.

En una democracia puede pasar cualquier cosa, claro. Puede darse que unos candidatos honestos gobiernen para el bien común y hagan todo lo posible para que el país y sus ciudadanos prosperen. Como también puede ocurrir que individuos  sin escrúpulos  lleguen al gobierno gracias a una manipulación más efectiva de la mayoría, y una vez con el poder absoluto en la mano, se dediquen a destruir sistemáticamente todas las estructuras  que sostienen la calidad de vida de la mayoría.

¿Pero puede la mayoría dar el poder a malos tan malísimos?  Es que puede que no sean tan malísimos como parecen. Puede que simplemente estén convencidos de que la igualdad de todos no puede ser algo bueno porque Dios no lo quiere así, por ejemplo. De que tiene que haber hombres de bien con estudios y dinero suficientes para gestionar la economía del país y para dirigir a la mayoría proporcionándole trabajo para que pueda vivir dignamente. De que un buen gobernante tiene que dar facilidades y privilegios a esa clase dirigente porque de ellos depende el progreso del país. Pero  esa clase dirigente a la que se le entrega la dirección del país es una minoría. Es decir, que puede que los gobernantes elegidos por la mayoría, utilicen su poder para transformar una democracia en una oligarquía (ver Wiquipedia)

¿Y es esto legítimo? Ninguna constitución de ningún país democrático reconoce a nadie el derecho a cambiar la forma de gobierno del país.

¿Qué se puede hacer en un caso así?  Puesto que en democracia el gobierno corresponde a la mayoría,  la mayoría puede y debe exigir a estos gobernantes que dimitan. ¿Y si la mayoría no lo hace? Alguien lo expresó con diáfana claridad: “Que se jodan”. Lo terriblemente injusto  es que, exceptuando a la élite dirigente,  también se joden todos los demás.