Encuestas (y gritos de terror)

Cada día, la prensa muestra y analiza el mismo cuadro: un país tenebroso en el que se revuelven  la corrupción, la violencia, la precariedad, la pobreza con sus tintes más oscuros. A quien no tiene ni encuentra forma de evadirse de este paisaje infernal, la vida se le convierte en un grito de desesperación. Pero hay  una mayoría que sí puede, aunque sea a trancas y barrancas. Para esos, la publicidad diseña anuncios de la moda en grandes almacenes,  anuncios de coches, de viajes; anuncios para atiborrar la imaginación de cosas que se deben adquirir para evitar que el individuo se encuentre a solas ante la realidad y no le quede más remedio que ponerse a gritar de desesperación o lidiar con ella.

Esas dos alternativas preocupan a los que mandan, un poco o mucho según lo mucho o lo poco que les afecte. La primera podría acabar en suicidio, lo que no sería nada grave porque sólo afectaría a los interesados y sus familias. La segunda podría empujar  a la revuelta a un número considerable de individuos. Para estos, para los que cuentan por su cantidad, los que mandan han descubierto, entre otras cosas, el efecto sedante de las encuestas sobre intención de voto. Estas encuestas pueden tener un efecto devastador sobre la mente y los nervios de los individuos si les comunican que todo seguirá igual y que no hay nada que hacer para cambiar de cuadro. O pueden mantener despierta la esperanza que, como es lo único que no se pierde hasta el último suspiro, se supone que algo de ella tienen todos los vivos y que ningún vivo la quiere perder.  ¿Esperanza de cambio? Según convenga.

Hace unos tres años y medio, ese descubrimiento se utilizó para hacerle una brillante campaña a Podemos.  Pareció a los que mandan que la imagen y los discursos populacheros de esos chicos podían fumigar el ambiente con vapores de esperanza para acabar con el peligro de la revuelta social contra la pérdida de libertades, derechos y el pan nuestro de cada día. Además, podrían servir para atraer izquierdosos quitando votos al Partido Socialista, el verdadero terror de los que mandan.

Se diseñó una propaganda espectacular para convertir a Podemos en icono de salvación y a su líder en estrella mediática.  Y la prensa afín, por ideología o por miedo a los que mandan, presentó al nuevo partido de desenchaquetados como un soplo de frescura en la irrespirable atmósfera de la crisis, viciada por el tufo a garbanzos revenidos que exhalaban los políticos de siempre. Las encuestas dieron a Podemos otro empujón para asaltar los cielos. Tanto éxito tuvo la campaña, que Podemos metió a 5 diputados en el parlamento europeo y, poco después,  a 69 en el parlamento español. Los que mandan se quedaron atónitos ante su propio éxito y se asustaron;  se habían pasado. Se trataba de distraer a los desesperados con estimulantes psicotrópicos, no de abrirle el camino a un populismo que a veces sonaba a izquierda radical. La campaña mediática pro Iglesias se acabó. Podemos desapareció de los medios tan de repente como había llegado. Y por culpa del ninguneo y de su propia desorientación, Iglesias y su fenómeno se desinflaron como globos después de una fiesta.

Ahora le ha llegado el turno de recibir promoción gratuita a Ciudadanos, el comodín que la derecha se sacó de la manga en Cataluña, allá por el 2006, para reventar el catalanismo de izquierdas.  Escogieron a un chico fino y bien vestido de 26 años que tenía, además de imagen atractiva para la clase media y alta, un gran talento para hilvanar frases y una conciencia a prueba de escrúpulos dispuesta a no hacer ascos a la política antisocial de los neoliberales  y a tragarse la corrupción sistémica de la derecha. Cuando gracias a la financiación de sus mentores, Ciudadanos se extendió por todo el país, su líder puso sonrisa de anuncio y cara de chico formal. Desde entonces, ha mostrado tan amplio repertorio de caras que, al día de hoy, nadie sabe cuál es la suya de verdad; puede que ni él lo sepa.  Ahora la propaganda de la derecha dice que ese individuo proteico puede llegar a presidente del gobierno. Es probable que las encuestas amañadas de ciertos medios estén exagerando sin mesura, pero, ¿y si no? Ciudadanos ganó  las elecciones en Cataluña como adalid de la unidad de España y su líder se presenta como tal ante todo el país quitándole el puesto a Rajoy.  La pachorra de Rajoy y la peste del PP se han vuelto insoportables. Hasta los medios afines a la derecha por afición o por obligación, no tienen reparo en ventilar sus porquerías. ¿Cómo toleran tanta crítica el poder económico y los políticos a su servicio? No la toleran, la instigan. Parece que el poder económico ya tiene otro delfín; más joven, más dinámico y hasta más dócil que el rancio y apestoso Partido Popular. Se sospecha que los mentores de Ciudadanos son hoy por hoy Aznar y la FAES. Es posible. Por lo pronto y por si acaso, Mariano Rajoy y los suyos ya están lanzando el contrataque.

El gobierno acaba de exhibir un arma letal contra Cataluña con la esperanza de recuperar el mando de la tropa españolista. En un ataque frontal contra el catalán, propone otorgar a los padres la posibilidad de que sus hijos reciban la educación en español marcando una casilla. Otra vez, Mariano Rajoy y su gobierno confirman  su torpeza, apuntando, además, a la torpeza de quienes les votaron. Aunque también podría ser, como he señalado muchas veces,  que en vez de torpe, Mariano Rajoy sea un personaje simple y rotundamente maléfico.

Rajoy fue el mayor instigador del independentismo catalán, ya lo sabemos. Gracias a lo que hizo y a lo que no hizo, el independentismo latente en la mayoría de los catalanes despertó en cientos de miles para luchar en defensa de su nación. Se declaró la guerra y Rajoy creyó que le aclamarían como caudillo de España. Pero los catalanes no independentistas prefirieron a Ciudadanos. No pasa nada, se habrá dicho Rajoy. Si Ciudadanos ganó votos desde sus principios atacando la lengua, la mejor forma de arrebatárselos, en Cataluña y en el resto de España, será cargarse por decreto la educación en catalán. ¿Qué esa punzada en pleno corazón de los catalanes empuja a millones al independentismo? Mejor. Mientras más independentistas haya en Cataluña, más españolistas habrá en el resto del país. ¿Qué Cataluña se pierde? Problema de los catalanes en cualquier caso. Mientras los independentistas le pongan al gobierno en bandeja la aplicación de leyes que acaben con sus ínfulas y con su autonomía, más probabilidades tiene Rajoy de volver reforzado a la Moncloa. Dicen algunas  encuestas que Ciudadanos puede sorpasar al PP. Difícilmente. Al lado de Rajoy, Rivera es, simplemente, un aprendiz de brujo.

Entonces, ¿no asoma en esta España tenebrosa ni un rayo de sol que permita esperar la primavera? Dicen que un tal Pedro Sánchez recorre las ciudades de España explicando a la gente las alternativas que ofrece el socialismo. ¿Quién lo dice? Lo dicen las redes sociales. En los medios se repite una y otra vez que Sánchez ha desaparecido. Sólo se le menciona para destacar que los diputados de su partido en el Congreso no hacen nada y para criticar todo lo que no se puede negar que hacen. Los medios repiten, además, una idea fuerza: el socialismo ha fracasado en toda Europa. Para convencer aún más a la mayoría cateta de que para estar a la moda hay que someterse al poder económico, las encuestas dejan al PSOE en un triste tercer lugar. ¿A ver quién es el guapo que se atreve a nadar contra corriente? Por ahora, solo quienes se imponen el trabajo cotidiano de contar en las redes lo que hace y propone Pedro Sánchez; lo que el socialismo ofrece para volver a poner en pie a unos ciudadanos sometidos, a quienes el poder económico y los políticos a su servicio han condenado a la evasión o a la desesperación.

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Pienso, luego Iceta

Las últimas encuestas sobre las elecciones autonómicas en Cataluña nos plantean un misterio aparentemente  insondable. Los partidos independentistas vuelven a aproximarse a la mayoría absoluta.

Tras unos cinco años  de yermo político en el que solo sonaban las arengas,  los cánticos y los clamores de independencia; en el que solo  iluminaban el panorama desolador las estrellas de las esteladas; con el rastro infamante de los perjudicados que fueron cayendo por el camino, y que  tirados se quedaron porque no podían seguir caminando sin ayuda y nadie les ayudó, uno se pregunta, perplejo, qué clase de personas quieren seguir vagando sine die en este purgatorio.

La respuesta nos la da el documento EnfoCATs, que ahora navega por Internet al alcance de cualquiera. En él, los diseñadores de la hoja de ruta hacia la independencia  analizan por grupos los tipos de persona a los que tienen que venderles el “procés” y la forma de convencerles, o mantenerles convencidos, con más efectividad.

El primer grupo corresponde a los que en el documento se les llama “Convencidos hiperventilados”. Curiosa asociación la que establecen entre el seguidor del ideal de independencia  y un paciente aquejado del trastorno por el que aumenta la frecuencia de la respiración causando, entre otros síntomas, obnubilación de las facultades mentales. ¿Qué quieren decir? ¿Que el convencido de que la independencia de Cataluña es posible, aunque se opongan el gobierno español y el mundo entero, padece una disminución de su facultad racional? El mismo documento dice que este tipo de personas necesita conocer de hitos y celebrar hechos. De lo cual se deduce que las manifestaciones de protesta, de resistencia o de exhibición de agravios  se nutren de convencidos hiperventilados; que para convencidos hiperventilados se emiten los programas de la radio y televisión públicas catalanas y de otras emisoras subvencionadas; que para convencidos hiperventilados se escriben artículos en la prensa afín y se cuentan historias de una Historia de Cataluña adaptada a la necesidad de hitos y celebraciones que apremia a los convencidos hiperventilados.

Todos los otros grupos que se enumeran en el documento tienen su ¡qué!, pero los del último, los que definen como “Convencidos del NO”, parecen correr verdadero peligro. Dice el documento que para sumarse esencialmente, los del NO necesitan “Motivos de impacto personal inmediato”. ¿Y eso que es? Cualquier cosa impactante, supongo, desde un golpe en toda la cabeza con una porra o con lo que sea, a pedir a la madre hiperventilada del negativo que se le ponga de rodillas hecha una mar de lágrimas suplicándole que diga que sí a la independencia. El peligro más serio aparece en la columna que titulan “Qué tenemos que hacer”. La primera medida reza: “Activar sus entornos independentistas más cercanos”. ¿Para qué? ¿Para que parientes y amigos del negativo le destierren o le linchen si no abraza el independentismo o, nuevamente,  activar a su madre para que vaya llorando por la casa o amenace echarle o prohibirle la entrada si se emperra en su NO? La segunda medida recomienda “Desincentivar la participación”. ¿Cómo? ¿Qué los ayuntamientos independentistas nieguen  a los negativos subvenciones o participación de cualquier tipo en los actos de su pueblo o ciudad? ¿Convencerles de que no voten?

Este documento y el ya célebre cuaderno Moleskin de Josep Maria Jové, secretario general de Vicepresidencia, Economía y Hacienda  del gobierno independentista, nos revelan la voluntad de los líderes del “procés” de conseguir una población hiperventilada, irracional. Y nos revelan, además, que esa estrategia no obedeció  a la irracionalidad de los líderes. Quienes diseñaron en serias reuniones el EnfoCATs y quien anotaba escrupulosamente cuanto ocurría en esas reuniones eran racionalmente conscientes de lo que hacían. Sabían, y así lo manifestaron en diversas ocasiones, que el único modo de imponer la independencia contra la oposición del gobierno español, era poner de escudo a la gente. ¿Qué el referendum era ilegal? En una democracia,  la voluntad del pueblo está por encima de las leyes. ¿Qué el gobierno de España no permitiría votar el 1 de octubre? No podría impedirlo si se convocaba a la gente a plantarse ante las puertas de los recintos donde se iba a votar impidiendo el paso a las fuerzas de seguridad. ¿Qué la guardia civil emplearía la fuerza para abrirse paso e impedir la entrada  a los que iban a votar? Las imágenes de la violencia policial darían la vuelta al mundo inclinando a la opinión pública internacional a favor de los catalanes oprimidos por un gobierno totalitario que no respetaba los derechos humanos. ¿Qué la posterior  declaración unilateral de independencia era ilegal y podría provocar que el gobierno español interviniera la autonomía de Cataluña? El gobierno no se atrevería a hacer tal cosa contra la voluntad del pueblo que votó a favor de la independencia; unos dos millones según el “govern” aunque nunca se sepa de dónde salió esa cifra. En el documento, los líderes afirman que el éxito del “procés” depende de la conflictividad que se genere en Cataluña.

En resumen, la estrategia para conseguir que Cataluña se constituyera en república independiente consistía en movilizar a los “convencidos hiperventilados” provocando, con discursos y eventos, la secreción hormonal que producen las emociones, secreción que a su vez produce la hiperventilación. Es decir, que la independencia de Cataluña dependería del número de hiperventilados que se movilizaran para hacer en la calle el trabajo a los políticos. Es decir, que la República de Cataluña solo sería posible si la exigía un pueblo hiperventilado, irracional, enloquecido. Para mantenerle enloquecido podía recurrirse a la mentira, sin límite ni reparo moral, (ver “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo).Y sin límite, sin reparo moral ni de cualquier otra índole, sin ningún miedo al desmentido o al ridículo, los líderes independentistas, desde Mas a Puigdemont pasando por Junqueras y Rovira, se pusieron a mentir para mantener la hiperventilación, y aún siguen en ello.

La estrategia de los líderes del “procés” produjo resultados inmediatos. Los no hiperventilados decidieron poner pies en polvorosa por lo que pudiera pasar. Los bancos perdieron unos 9.000 millones en depósitos y cuentas a la vista; cerca de 3.000 empresas sacaron de Cataluña sus sedes sociales. Una población de hiperventilados bajo el control de líderes dispuestos a que su pueblo se enfrente a lo que sea  con tal de lograr sus fines, espanta a cualquiera que esté en pleno uso de sus facultades mentales. Pues bien, ese es el panorama que se comprometen a repetir Puigdemont y Junqueras si ganan las elecciones. La CUP promete, además, cargarse el sistema completo para empezar a reconstruir de cero, Dios sabe cómo, la gloriosa República de Cataluña. ¿Quiénes pueden votar para que se repita un panorama así? Los convencidos hiperventilados y los nuevos prosélitos captados por las mentiras.

Ante esta perspectiva terrorífica, dicen las encuestas que un gran número de electores está dispuesto a votar por Ciudadanos.

Ciudadanos también cuenta con convencidos hiperventilados. Están en ese grupo los que se emocionan ante una bandera de España con la misma intensidad con la que se emociona un independentista ante su estelada; los que se emocionan oyendo un pasodoble de Manolo Escobar tanto como a un independentista emociona el canto de Els segadors.

Además de esos convencidos hiperventilados, se dice que votarán a Ciudadanos quienes creen que ese partido impondrá una paz a la fuerza que acabe con la conflictividad forzada por los independentistas. Entre estos últimos están quienes, por diversos motivos, no entienden lo que significa Josep Lluis si no se lo traducen al castellano, y saben que Ciudadanos acabará con la inmersión en el catalán porque para eso lo fundaron; y están quienes quieren que en Cataluña mande un gobierno en todo similar al PP español para que Cataluña pueda disfrutar de la estabilidad sin sobresaltos que a España ofrece Mariano Rajoy.

Por supuesto, los líderes de Ciudadanos mienten tanto como los independentistas para convencer al cliente. Prometen moderación, transversalidad, voluntad de diálogo, políticas sociales, copiando de sus competidores lo que haga falta con tal de quitarles clientela, mientras en el Congreso apoyan con sus votos las medidas ultraconservadoras del PP, sus compañeros de ideología.

El éxito de la candidata de Ciudadanos depende, pues, del voto de los convencidos hiperventilados, de personas con dificultades para aprender idiomas y de personas tan escamadas con la conflictividad independentista que quieren la paz a toda costa. En España, las mayorías que ha obtenido el PP a pesar de su corrupción y de la ineptitud del gobierno, se explican por el miedo. En Cataluña, el voto de los escamados se va a Ciudadanos por la misma razón.

Hace siglos, un pensador, horrorizado por el daño que la irracionalidad hacía a la mente humana, decidió rechazar todas las ideas creadas e impuestas por otras mentes y reemplazarlas por los productos de su propio esfuerzo racional. René Descartes popularizó un principio que la inmensa mayoría conoce y repite aunque nunca haya oído hablar del filósofo francés: “pienso, luego existo”. El ser humano ha sido creado, por Dios o por la Naturaleza, para pensar, para analizar la realidad y orientarse en ella con su pensamiento.  La evolución del ser humano depende de que su pensamiento sea informado por su razón. Hoy, es la razón lo único que puede sacarnos del atolladero.

La situación actual de Cataluña requiere que todo aquel que quiera vivir en paz, en concordia; que todo aquel que entienda que la paz y la concordia sólo son posibles donde impera la solidaridad y la igualdad; que  todo aquel que quiera progresar mirando al frente, negándose rotundamente a cualquier cosa que le empuje a retroceder; que todo aquel que tiene en su mano sacar a Cataluña del bache en el que la ha hundido la irracionalidad, piense, razone antes de ejercer el derecho al voto, siendo el voto lo único que le otorga el poder efectivo para transformar su país.

Pensando, razonando, me pregunto, ¿qué candidato me ha dado pruebas, durante toda su trayectoria política y particularmente durante la última legislatura, de ser capaz de devolver a Cataluña la sociedad solidaria, igualitaria, progresista que puede volver a distinguirla como nación de vanguardia en el conjunto de las naciones de España? ¿Qué candidato me garantiza que en Cataluña volverá a imperar la racionalidad?

Pienso, luego Miquel Iceta Llorens.

https://es.scribd.com/document/361162525/EnfoCATs-Full-de-ruta-del-Govern-per-a-la-independencia

 

 

El horror de ser socialista.

Decidí ser escritora a los siete años. A todos les hizo mucha gracia y la verdad es que me estimularon elogiando todo lo que escribía. Al terminar el bachillerato tenía muy claro que quería estudiar Filosofía y Letras; más por la filosofía que por las letras. Mi padre sufrió un disgusto muy serio cuando se lo dije. Mi elección demostraba mi absoluta carencia de sentido práctico y eso, naturalmente, le preocupó. Mi madre, por su parte, no concebía que yo pudiera ser otra cosa que abogada porque era la profesión en la que más podía ayudarme por sus conexiones. La universidad americana, con su sistema de créditos, me permitió optar por un camino intermedio: “mayor”en Ciencias Políticas y “minor” en Literatura Inglesa.

En el segundo semestre de mi primer año de universidad descubrí que era socialista. Descubrí también que mi socialismo era cosa de mi conciencia, de mi pensamiento, de mis emociones, pero que no tenía nada de práctico. Pronto me golpeó el desprecio de mis compañeros socialistas, entusiasmados, todos ellos, con la revolución cubana. ¿El socialismo aceptaba la supresión de todas las libertades, las constantes ejecuciones que convertían en chiste la palabra “paredón”, los comités de vigilancia que imponían la pureza ideológica en los barrios, el adoctrinamiento desde la más tierna infancia? Mi pregunta provocaba sonrisas de condescendencia. Era muy joven, era mujer, era natural que sólo se me ocurrieran tonterías. Uno tuvo a bien explicarme lo que era pragmatismo y que el pragmatismo en política tenía que estar por encima de cualquier ideología. ¿Por encima del bienestar, de la vida de los seres humanos?, pregunté. Me respondió que en política yo nunca llegaría a ninguna parte, y acertó. Pero yo, terca de nacimiento, seguí con mi idea del socialismo, un socialismo democrático que no tenía nada que ver con el mal llamado comunismo. En cuanto al pragmatismo, a algunos les sirvió en España para convertirse en “beautiful people”. El hecho de no tenerlo me sirvió a mi para ir convirtiéndome en más persona mientras más me preocupaban las personas, fueran beautiful o no. Eso que he ganado.

Hace poco más de tres años me pidieron que colaborara en un periódico. Empecé muy bien, muy filosófica. Me pusieron los artículos en la sección de Sociedad. Pero poco a poco, fui derivando hacia la política y descendiendo a lo concreto, y tan concreta me volví, que acabé defendiendo al PSOE abiertamente en la campaña electoral de 2015. Según las encuestas, yo apostaba por el partido perdedor. Pero bueno, lo de pragmatismo no me había entrado nunca, repito.

Algo empezó a sonarme mal en aquella campaña. No sólo eran los adversarios del candidato socialista los interesados en hacerle perder. Dentro del mismo partido sonaban, día sí y día también, voces que ponían en duda, de un modo u otro, sus aptitudes para ser presidente del gobierno. Ya te vale, me dije, así no hay quien gane. Pero como carezco de sentido práctico y contra eso no hay nada que hacer, mi conciencia, mis convicciones y mis emociones me obligaron a defender a Pedro Sánchez a capa y espada cuando perdió las elecciones, cuando perdió la investidura, cuando algunos compañeros suyos lo destronaron y cuando los militantes lo volvieron a entronar. Y en esas sigo. ¿Qué gano? Una satisfacción personal que no tiene precio.

Sigo siendo socialista a pesar de todos los tuits que cada día me recuerdan los errores que cometió el PSOE hace diez, veinte, cuarenta años y cuando Pablo Iglesias Posse apoyó la dictadura de Primo de Rivera, dice uno. ¿Qué hubiera hecho el PSOE en la conquista de América? El caso es que nunca he tenido carnet del PSOE ni me interesan los que siguen a un partido como si fuera un equipo de fútbol. Me interesa la persona que con hechos y palabras me demuestra que está en política porque le interesan las personas. Y por eso me metí en el fregado de defender a capa y espada a Miquel Iceta cuando ser socialista en Cataluña se convirtió en un horror. Pero no es que sea masoquista. Es que siento un profundo respeto por las facultades mentales que me tocaron en la lotería genética, y mis facultades mentales me dicen que, como están las cosas en Cataluña, es la única elección si una quiere votar con responsabilidad.

Si miramos a la izquierda más siniestra, nos encontramos con una pandilla que confunde la política y las instituciones con un espectáculo. En Cataluña, la CUP no habla de propuestas sociales ni explica su programa de gobierno. Hay que acabar con el sistema, dicen, exhibiendo banderas y eslóganes en camisetas y cartelitos, vestidos y despeinados como si estuvieran en un desierto empujando una furgoneta averiada. Para empezar, hay que sacar a Cataluña de España sea como sea, aunque haya que tirar la furgoneta por un precipicio. Ya se empezará a reconstruir cuando se haya destruido todo. Y la reconstrucción será muy divertida bailando un mambo.

En cuanto a sus afines ideológicos, los de ERC tampoco tienen tiempo para ocuparse de los problemas de la gente. Por encima de todo está la independencia, también como sea y cueste lo que cueste. Sus diputados en el Congreso dan la campanada todos los días como si todos los días fueran fin de año. Uno, tronando con lo que le salga mientras agita su cabellera de león; otro, ofreciendo al respetable su particular versión de la comedia con atrezo y todo. En Cataluña no ofrecen programa para las elecciones. Confían la parte más importante de su campaña a los cartelitos que hay por todos los pueblos y ciudades  del territorio moviendo a los corazones a apiadarse de los que llaman presos políticos y a exigir su liberación. Exigiendo a la juez que encarceló a los encarcelados por violar la ley, demuestran su falta de respeto por la judicatura; lo que demuestra, a su vez, que coherencia no les falta. Al votar por la declaración unilateral de independencia se cargaron sin reparo alguno la Constitución española y el Estatut de Cataluña de un plumazo. ¿Qué respeto les puede merecer lo que digan un fiscal y una jueza? Encima nos dicen que si gana ERC y Junqueras sigue en la cárcel, será presidenta de la Generalitat Marta Rovira, una señora que no tiene reparo en acusar al gobierno español de haber  amenazado al govern con llenar las calles de Barcelona de sangre y muertos si se proclamaba la independencia. Y aún así la proclamaron.  Si los del “cutre look” divierten al estilo de la familia Adams, los de ERC dan más miedo que una película de zombies.

Del PdeCat, antes CiU, ahora Junts por Cataluña, sobra todo lo que se pueda decir porque ya se encarga de decir suficientes disparates su president en el exilio. Otra vez, de sus preocupaciones brillan por su ausencia los catalanes. Lo único que importa es separarse de España, que Puigdemont pueda ser president de la Generalitat cuando regrese, glorioso, del exilio, y si Europa no le quiere reconocer la hazaña, otro referéndum para sacar a Cataluña de Europa con las mismas garantías de que los catalanes votarán sí o sí que tuvo  el llamado referéndum del 1 de octubre.

Pero hay otra alternativa. Hace ya más de diez años, surgió en Cataluña un partido defensor de quienes le tenían manía al catalán. La manía, naturalmente, se extendió al catalanismo, al Estatut, a todo lo que pusiera en peligro las esencias de España, una, grande y libre. ¿Hay algo en Ciudadanos que permita suponer que con Arrimadas en la presidencia de la Generalitat alguien, por fin, empezará a ocuparse de gestionar el país en beneficio de los catalanes? Imposible deducirlo de sus discursos de pre campaña. Su principal objetivo, su manía actual, es convencer al PSC para que le dé sus votos a Arrimadas. “No pongáis palos en las ruedas”, clama la aspirante a presidenta de la Generalitat. ¿Y qué piensa hacer si llega a la ansiada cumbre? ¿Moler a palos a los dos millones de catalanes, más o menos, que seguirán defendiendo su lengua y su nación? Lo único que no necesitan los catalanes en este momento es que continúe la agitación social que nos está llevando a la ruina.

Me he equivocado en muchísimas cosas  en esta vida. Pero no me equivoqué al elegir al socialismo democrático como faro de mis convicciones políticas. No me equivoqué al defender a Pedro Sánchez porque al final, contra toda teoría sobre el funcionamiento tradicional de los partidos, los militantes corrigieron al aparato y le devolvieron la secretaría general.

No me equivoqué al decidir que defendería al PSC y a Miquel Iceta y que le daría mi voto aunque muchos me pusieran a parir. Porque sigo respetando mi inteligencia, como don recibido sin mérito propio, que me obliga a ser agradecida desarrollándola mediante el uso de mi facultad racional. Porque amo a Cataluña con la intensidad, tal vez también heredada, de mis antepasados. Porque no tiene ningún sentido amar a Cataluña, que es solo un segmento en un mapa, si lo que de Cataluña se ama no son las personas que la habitan.

Porque me amo y me importo sobre todas las cosas y a los otros como a mí misma, por la cuenta que me tiene, voy a votar por quien creo que asume y practica los mismos principios y valores que informan mi criterio. A quien creo que como president de la Generalitat gestionará los asuntos de las personas teniendo en cuenta el bien de las personas y nada más. Así que hasta el 21 de diciembre defenderé a Miquel Iceta y al PSC aunque la propaganda de independentistas y españolistas integristas hayan hecho que ser socialista en Cataluña sea un horror.

 

 

 

 

 

¿Independizarse de la cordura o ponerse a trabajar?

Hace años vi un documental muy curioso en el que se analizaba la conciencia humana desde los parámetros de la física cuántica. Me impresionó vivamente. De aceptar cuanto decía al pie de la letra, uno acababa deduciendo que el ser humano, como observador, puede transformar la realidad con sus elecciones; es decir, a su antojo. Esas deducciones, envueltas en un lenguaje científico, llevaban más al ámbito de la mística que al de la ciencia, pero cuando el documental se popularizó, científicos y místicos pusieron el grito en el cielo, considerando, cada cual por sus propias razones, que el material era herético. Ambos tenían razón. El asunto no tiene nada que ver ni con la física ni con la mística. Tiene que ver con la psicología, y en casos extremos, con la psiquiatría.

No es la realidad efectiva lo que nuestras elecciones transforman. Lo que transforman es nuestra percepción de la realidad. Cuando un independentista catalán dice, por ejemplo, que hoy Cataluña ya es una república independiente y que su presidente  en el exilio  fue depuesto por una potencia extranjera que ha derrocado al gobierno legítimo por la fuerza, a uno que no perciba en su misma onda se le queda la cara a cuadros. Cuando un integrista, por poner otro ejemplo, dice que imponiendo la Constitución española Cataluña recuperará la paz, la convivencia y la prosperidad de inmediato, aunque unos dos millones de catalanes se emperren en vivir en su república, a uno que no perciba en su onda se le pone el cerebro en modo escepticismo radical.

La mente humana puede crear realidades en dimensiones paralelas al espacio que perciben  los seres humanos física y mentalmente sanos. Esa capacidad de crear otro tipo de realidades no depende de elementos cuánticos; depende de la voluntad. Por eso, esas dimensiones imaginarias sólo pueden existir en el ámbito de la mente.

Cataluña es hoy una prueba dramática de la existencia en la sociedad de dos dimensiones imaginarias creadas por la voluntad de dos grupos distintos.

En una habitan los independentistas convencidos de que la voluntad basta para crear y mantener un país independiente. Bastó la voluntad de sus líderes para convencerles de que la existencia de la República de Cataluña solo dependía  de su propia elección. Y la eligieron. Y la voluntad de quienes la eligieron se convirtió, por la voluntad de sus líderes, en un mandato que obligaba a todos a respetar esa elección. El cálculo riguroso de cuántos eligieron la república independiente no se toma en cuenta porque no coincide ni con las expectativas ni con la voluntad de los líderes. Los líderes eligieron crear su realidad y eligieron creer que todo el pueblo de Cataluña elegiría  vivir en esa realidad. Los números, rotundamente objetivos, pertenecen al universo del que su voluntad ha decidido exiliarse. En la dimensión creada por los líderes del independentismo y sus seguidores, todos los habitantes de Cataluña son el pueblo que ha elegido la independencia, y quien no haya elegido la independencia no existe porque habita en otra dimensión.

En otra dimensión viven los líderes que han elegido creer en una España homogénea, sin diferencias ni fisuras. En esa realidad que sólo existe en sus mentes por la gracia de su voluntad, las diferentes etnias y culturas que habitan el país son fenómenos propios de aquellos Coros y Danzas del franquismo que tan bien reflejaban la diversidad folclórica que colorea el  territorio español. Para estos, los catalanes pueden vivir felices bailando sardanas en sus plazas lo días de fiesta, subiéndose los unos sobre los otros en esas torres humanas tan coloristas y vistosas, promoviendo su literatura en juegos florales  y con premios locales.  Por encima de ese folclorismo inofensivo, se encuentra el respeto universal a la Constitución Española; lo más serio, lo más rotundo porque es el fundamento que sostiene la nación, la única nación que es España. En la realidad de estos líderes, la Constitución no se puede modificar en lo esencial porque no se pueden modificar las esencias, y  todo lo que tenga que ver con España es esencial.  Naturalmente, es el español la lengua que debe enseñarse en todos los colegios porque todos los padres quieren que sus hijos dominen un idioma que se habla en todo el mundo. Los catalanes serán felices hablando en su lengua en privado sin que nadie se lo prohíba y los padres serán felices si no se impone a sus hijos en los colegios el estudio de una lengua minoritaria y económicamente inútil. Que la importancia de una lengua depende exclusivamente de su eficacia como vehículo de comunicación entre quienes de ella se sirven para comunicarse, es un valor que no existe en la dimensión de los defensores de la homogeneidad de España.

Para ellos, sólo tiene valor aquello que contribuya a que España sea valorada por la comunidad internacional como país solvente, serio.  Porque España es un país serio y no hay español serio que no la conciba como la conciben los líderes políticos que defienden su unidad y su homogeneidad. Y porque España es un país serio, es necesario conservar el equilibrio que garantiza la estabilidad social y que sólo se alcanza donde todos los ricos  son igual de ricos y todos los pobres, igual de pobres.

En la dimensión creada por los líderes del españolismo liberal y sus seguidores, todos los habitantes de España, o sea, todos lo que tienen derecho a llamarse Ciudadanos, quieren una España única y liberal,  y quien no la quiera así no existe porque habita en una dimensión distinta.

Pero hay una realidad que existe y persiste al margen de la voluntad de transformarla según nuestros deseos. En esa realidad inconmovible, quien infringe la ley va a la cárcel y los políticos que ignoran las necesidades de los ciudadanos se arriesgan a la derrota electoral. Es en esa realidad, la realidad real, donde habita la mayoría de los catalanes.

El catalán que vive percibiendo la realidad efectiva sin crearse ni creerse universos paralelos, pasa de independencia, de Constitución, de abstracciones; pasa de ideologías; pasa de los circunloquios con que los políticos procuran enmarañar sus discursos para no tener que decir la verdad; pasa de mentiras manipuladoras. A los catalanes que viven respetando la realidad que perciben sus sentidos y analizándola con su razón les interesan, como al resto de los españoles, los problemas concretos que tienen que ir resolviendo para vivir de la mejor manera posible. El catalán preocupado por problemas concretos quiere gobernantes que ofrezcan soluciones concretas. 

¿Y quién gobierna y gestiona la realidad; la realidad ajena a consignas, ideologías, patriotismos  y monsergas; la realidad a la que todos tenemos que enfrentarnos cada día para sobrevivir? Es lo que tendrán que decidir cinco millones y medio de catalanes el 21 de diciembre. En ese día crucial para la supervivencia de Cataluña, es decir, de nuestra casa, solo contará la cantidad. De la cantidad de quienes voten por el voluntarismo independentista o por el voluntarismo españolista liberal, dependerá que los políticos elegidos por los unos o los otros sigan obligando a todos a vivir en la dimensión imaginaria del uno o del otro hasta que todos nos estrellemos, tarde o temprano, contra la realidad real.  ¿Hay otra alternativa?

En la realidad ajena a las dimensiones imaginarias, están las propuestas del candidato Miquel Iceta. Miquel Iceta sabe, como sabemos todos, hasta aquellos que habiendo claudicado del análisis racional de las circunstancias aún conservan un resto de cordura, que en la realidad real en la que nos toca luchar a diario, nuestra casa está dividida y empobrecida porque los voluntarismos la han abandonado para ocuparse exclusivamente de la dimensión en la que cada cual eligió habitar.

Iceta sabe, como sabemos todos, que para poner nuestra casa en orden y en pie, hay que aplicar soluciones concretas a los problemas concretos que han deshecho nuestra convivencia y nuestra economía.  Sabe que la convivencia se arregla dando participación a todos, sin exclusiones, en la reconstrucción de Cataluña. Sabe que la economía de Cataluña volverá a flotar cuando los catalanes vuelvan a trabajar unidos creando una atmósfera en la que impere la sensatez, el análisis racional de la realidad y el esfuerzo por sacarle a la realidad el mejor partido. Sólo así llegará el dinero que necesitamos para reconstruirnos y volverá el que huyó de la incertidumbre causada por la irracionalidad.

Iceta sabe, como sabemos todos, aunque algunos quieran ignorarlo, que nuestra casa vive privada de la aportación de miles de catalanes que han sido expulsados a los márgenes de la pobreza por el concepto del liberalismo que prioriza el dinero sobre cualquier otra cosa; sobre cualquier persona. Iceta sabe que el dinero no se hace solo; que la creación de riqueza requiere el esfuerzo de toda la sociedad; que Cataluña no puede darse el lujo de prescindir de una parte importante de su población pagando la costosísima factura de la desigualdad.

Miquel Iceta es el candidato del Partido de los Socialistas de Cataluña. Pero sabe que la realidad real no es un territorio cruzado por dos vías de dirección única; derecha e izquierda. Y sabe que en el momento crítico en que se encuentra Cataluña no hay tiempo para regodearse en definiciones ideológicas ni para velar por intereses de partido.

Cataluña necesita que todos los catalanes despierten de sus ensoñaciones, que se levanten  con los pies firmes en el suelo y se pongan a trabajar para reconstruir lo que se ha destruido. Porque nadie puede independizarse de la realidad sin grave peligro de perder todo lo que la realidad le ha ofrecido hasta ahora y todo lo que sigue ofreciendo a quien esté dispuesto a trabajar respetando sus normas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Frenazo o empujón

Como presidenta de la Assamblea Nacional Catalana, Carme Forcadell desató una campaña nunca vista para convencer a los catalanes de que la independencia era posible y de que todo patriota catalán estaba obligado a luchar por conseguirla con manifestaciones multitudinarias que conmoverían al mundo y harían que la presión internacional forzara al gobierno de España a permitir la secesión de Cataluña.

La propaganda, utilizando todos los recursos de sugestión y manipulación, convenció a un gran número de catalanes de que los efectos de la crisis económica eran culpa de España, de que bajo la independencia todos esos efectos desaparecerían y de que Cataluña volvería a ser un país próspero, digno miembro de la Unión Europea, que iba a recibirla con los brazos abiertos.

Todo era mentira.

Después de permitir que la Ley del Referendum y la Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República fuesen aprobadas contra las órdenes del Tribunal Constitucional, y saltándose el reglamento de la cámara para neutralizar a la oposición. Carme Forcadell, premiada con la presidencia del Parlament por su labor al frente de la ANC, proclamó ambas leyes imponiendo una legalidad catalana al margen y en contra de la legalidad del estado. Los catalanes se encontraron de pronto en un estado nuevo bajo un nuevo sistema legal que los obligaba a todos, tanto a la minoría independentista, como a la mayoría que no lo era.

En la práctica, se abolió la democracia.

Las consecuencias de todo el proceso hacia la independencia fueron la división de la sociedad catalana con deterioro de la convivencia, el deterioro de los servicios sociales, la escapada de empresas asustadas por la incertidumbre, la disminución de puestos de trabajo y la caída del PIB.

Ahora Forcadell, para librarse de la cárcel, dice al Supremo que la proclamación de la independencia fue simbólica, sin ningún efecto jurídico. Es decir, que todo fue un teatro que se hizo para complacer a aquellos que se habían tragado sus mentiras. Y dice, además, que acepta la aplicaciòn del artículo 155 de la Constitución por medio del cual Cataluña ha perdido su autonomía hasta la celebración de las elecciones el 21 de diciembre.

Cataluña sale del procés humillada ante España y ante el mundo, más empobrecida, partida por la mitad. ¿Cómo salen los que organizaron este desastre?

Puigdemont monta su teatro particular en Bélgica auto proclamándose presidente de una república que no existe, aprovechando cualquier ocasión para desprestigiar a España y, por ende, a Cataluña.

Forcadell paga una fianza de 150.000€ para eludir la cárcel.

Evidentemente, los políticos independentistas no sufren las mismas estrecheces económicas que los ciudadanos.

Artur Mas aprovecha entrevistas para pedir a los catalanes que contribuyan con su dinero para pagar los dos millones y medio de euros que le exige el tribunal por haber financiado de forma indebida el remedo de referéndum que se hizo el 9-N de 2014. O sea que todos los catalanes, independentistas y no independentistas, tuvieron que pagar por esa consulta ilegal y ahora Mas les pide que vuelvan a pagar para evitar que le embarguen sus bienes.

Todos los catalanes tuvieron que pagar todos los gastos que ocasionó el referéndum del 1 de octubre. Cuando se hayan cuantificado y se carguen a quienes promovieron y llevaron a cabo ese referéndum, se pedirá a todos los catalanes que lo vuelvan a pagar para que sus políticos no sufran las consecuencias de sus actos.

La locura independentista llegó esta semana a su punto álgido. La entrada en prisión de parte del ex govern movilizó a multitudes de independentistas, instigadas por Puigdemont en el “exilio” y todos los demás líderes, para pedir la libertad de los que llaman presos políticos.

Esas multitudes cerraron carreteras y vías de tren impidiendo a la mayoría de los catalanes acceder a los puestos de trabajo y a sus casas; causando perjuicios a los transportistas, muchos de ellos autónomos, que intentaban llevar sus mercancías para ganarse el pan. Hoy amenazan con cerrar las fronteras hasta conseguir sus fines. ¿A quién perjudican estas manifestaciones?

La paralización del país no perjudica a nadie más que a los catalanes. El procés independentista ha sido una estrategia maléfica que ha estado a punto de hundir a Cataluña, o sea, a todos los que viven y trabajan en su territorio.

¿Podemos decir que con las elecciones Cataluña se habrá salvado, que empezará la reconstrucción de tanto destrozo y que caminará hacia la normalidad? No; rotundamente, no.

Carme Forcadell puede empezar a decir que dijo lo que dijo ante el Supremo para no tener que ir a la cárcel. Que la validez de declaración de independencia la da la gente y que en una democracia es la gente la que tiene que decidir. Es la falacia que han utilizado durante cinco años para sacar adelante su procés.

Esquerra Republicana de Cataluña ha sido siempre independentista y no dejará de serlo ahora por más que Oriol Junqueras salga de la cárcel con el halo de mártir. Dicen las encuestas que ganará las elecciones del 21 de diciembre. Para ganarlas sabe que no puede espantar a los votantes independentistas renunciando a un referéndum de autodeterminación, y sabe que no puede seguir con el rollo independentista si no quiere volver a prisión por repetición del delito. Pero no le resultará difícil conjugar ambas cosas. Acostumbrados como están esos lideres al uso de mentiras y falacias para inocular sus mensajes, Junqueras se dedicará a prometer reformas sociales en concordancia con la palabra esquerra que lleva el nombre de su partido. Pocos le recordarán que nada hizo por la justicia social en Cataluña, obsesionado como estaba por la ejecución del procés. Junqueras confía en que la manipulación realizada durante cinco años de propaganda haya inhabilitado totalmente la facultad racional de suficientes catalanes como para garantizarle el triunfo electoral.

Así que hacia las elecciones se dirigen ERC en una esquina y Ciudadanos, exhibiendo musculatura de derecha matona, en la otra. En el medio, Miquel Iceta Llorens y el Partit Socialista de Cataluña. Difícil posición de árbitro en medio de dos contrincantes dispuestos a todo por ganar la pelea.

Miquel Iceta ocupa, en efecto, la posición más ingrata, menos comprendida y que menos arrastra. Donde hay guerra, predica y promete paz. Donde hay odio, predica y promete escuchar al contrario y llegar a una síntesis que convenza a las partes. Donde hay resignación y desencanto, predica y promete volver a ocuparse de los problemas que afectan al ciudadano: el empleo, la justicia social.

Miquel Iceta predica la necesidad del esfuerzo; de empezar, chino chano, la larga caminata que nos espera para reconstruir todo lo que se ha destruído. 

Predicar la necesidad del esfuerzo por limpiar y reparar los destrozos que ocasionó el carnaval, ¿conseguirá atraer los votos necesarios para evitar la repetición de la pesadilla independentista? La irresponsabilidad de los líderes independentistas, algunos conversos como Artur Mas,  hizo de la política catalana, durante cinco años, un programa propio de la telebasura, agitando emociones que estimularan las glándulas del espectador, proporcionando a los fans el placer de la diversión.

¿Podrá la mayoría de los catalanes recuperar el uso de su facultad racional y comprender la necesidad del esfuerzo, por árido que sea, para reconstruir su maltrecho país? Si no lo recuperan, la decadencia de Cataluña seguirá conduciendo a todos precipicio abajo hasta tocar fondo. Y no será Cataluña la que se estrelle. Cataluña es solo el nombre de una nación. Los que se estrellarán serán los catalanes que la habitan.

Las elecciones del 21 de diciembre pueden ser el frenazo que evite la caída o puede ser el empujón definitivo al fondo del pozo.

 

 

 

 

La hora de los pringados

Y bien, no hay bruto tan bruto que no haya descubierto a estas alturas que en España, los pringados hemos estado trabajando, unos como profesionales y otros como peones, para mantener a políticos que han vivido a costa nuestra permitiéndose lujos que los sin-poder jamás nos podremos permitir.

Todos aceptábamos con más o menos resignación pagar los sueldos de los cargos altos, medianos y menores elegidos por nosotros para gestionar el país; todos aceptábamos subvencionar a los partidos para que pudieran mantener su cotarro y ofrecernos, cada cuatro años, modos de mejorar nuestra vida. Si queremos democracia, hay que mantener a políticos y partidos; no hay otra.

Pero he aquí que la acción de la Justicia nos revela de pronto que ni los políticos ni los partidos se han conformado con las subvenciones, sueldos y privilegios que les pagábamos por ley. Sin vergüenza, sin reparo, sin decencia, políticos y partidos nos han estado robando durante años el dinero que con gran esfuerzo entregábamos al fisco, confiando ingenuamente en que se nos devolvería en servicios  públicos.

Se ha tenido que montar en una universidad todo un equipo de investigación para hacer una auditoría que permita dar una suma fidedigna de todo el dinero que nos han robado en los despachos y despachitos de los politicastros de toda España.  Son miles de millones. Los miles de millones que recortaron a la educación, a la sanidad, a los sueldos de los funcionarios, a los pensionistas, a las mujeres cuya vida depende de la protección de los policías y los jueces, a los policías, a los jueces. Mientras los políticos se desplazan en coches oficiales y acuden tranquilamente a eventos públicos sabiéndose protegidos por sus guardaespaldas, las mujeres amenazadas de muerte por tipos infrahumanos salen a la calle con miedo a encontrarse en cualquier esquina con el puñal asesino. No hay dinero para protegerlas. Las mujeres a quienes tipos infrahumanos han amenazado con matar a sus hijos, tienen que entregar los hijos al asesino en potencia porque así lo ha decidido un juez; porque no ha habido dinero para dotar a la justicia con los medios necesarios para salir de su estancamiento decimonónico; porque los políticos no han querido regenerar a la Justicia para no poner en peligro su impunidad. En peligro están mujeres, niños, enfermos crónicos, familias sin empleo y sin subsidios, ancianos sin asistencia. Sus vidas no valen lo mismo que el bienestar de los psicópatas que utilizan la política para robar.

Nos han robado miles de millones mientras un cuarto de la población caía y sigue cayendo en las cunetas de la pobreza; mientras millones de niños se enfrentan a un futuro de pobreza a perpetuidad heredada de sus padres. Nos han robado miles de millones para comprarse casas, coches; para pagarse viajes, hoteles, comidas, putas.

Y hay brutos tan brutos en este país que, siendo de la clase de los pringados, han seguido votando al partido que más les ha robado. ¿Por qué? Porque es tal el desbarajuste que exhiben los otros partidos, que los pobres no saben a quién votar. ¿Qué el Partido Popular es malo? Pocos se atreven a negarlo. Pero es malo conocido, y ya lo dice el dicho. Más vale un presidente que no se inmuta aunque le rodeen volcanes a punto de erupción, que otro que pueda poner el país patas arriba tras haberlo lanzado de cabeza a un precipicio.

¿Quién vota por Unidos Podemos? Los que están tan hartos que ven un ventanuco a la liberación si se lían la manta a la cabeza. Este triste país ha estado siempre lleno de  gente tan apaleada por la vida que ya no le importa lanzarse a la aventura como último recurso. Alguno consigue derrotar a la adversidad, pero la mayoría se estrella  en el intento. El muro de la realidad no se aparta  para que no se la pegue el que camina sordo y ciego. De todos modos, a nadie se le puede negar bajo ningún concepto el derecho a pegársela. Lo malo es cuando millones deciden arriesgarse poniendo en peligro la estabilidad de todos los demás. No todos tienen espíritu aventurero y nadie tiene derecho a imponer a otro que renuncie a la reflexión. El histrionismo de Pablo Iglesias y los espectáculos que monta Unidos Podemos para hacerse notar, se agradecen. Dotan de cierto morbo a una vida política que resulta insoportablemente tediosa. Pero lo mejor es que pueden disfrutarse  sin miedo a que Pablo Iglesias y los suyos puedan llegar al gobierno, dejándonos a todos medio vivos como los que luchan a lo bestia por sobrevivir en otros países destrozados por el mismo tipo de aventuras. Afortunadamente, los que se lían la manta a la cabeza siguen siendo minoría  en este país.

¿Quién vota por Ciudadanos? Aquellos a quienes les da apuro votar al Partido Popular. Total, parece que son del mismo credo, pero Ciudadanos no huele tan mal como el PP.

¿Y quién vota al PSOE? Cada vez menos. Los gobiernos de Felipe González terminaron tan sucios o más que los del PP que hoy nos escandalizan. Hubo en ellos políticos que robaron para aumentar su propio peculio y otros que robaron para el partido porque ya se sabe que el poder de un partido es directamente proporcional al dinero que se pueda gastar.  Perdió González ante Aznar y dijo al partido y a los ciudadanos, “Ahí os quedáis”. Tenía toda una vida profesional por delante. Zapatero ganó las elecciones a Aznar porque  un golpe brutal de la mala suerte reveló a los ciudadanos hasta qué punto el gobierno era capaz de mentir. Todo empezó tan bien que parecía demasiado bueno para ser verdad. Y el dicho se cumplió en todo su apabullante pesimismo. Zapatero terminó su última legislatura haciendo méritos para que le nombraran candidato a las siguientes elecciones por el Partido Popular. Leyes como la de dependencia, memoria histórica, igualdad, violencia de género y otras se quedaron en engañifas por falta de fondos. Los fondos ya se los estaban llevando a casa muchos del PP y algunos del PSOE. ¿Zapatero no sabía nada? En este país nadie sabe nada que no le convenga saber.

Entonces, ¿no habrá quién nos libre de la pesadilla del PP? ¿Seguiremos tras quienes nos esquilman económica y moralmente como ovejas a las que llevan al matadero? ¿Es que a los pringados de este país ya no les queda ni la esperanza de convertirse en ciudadanos de una democracia, con derecho a exigir respeto a los políticos  cuyo salario pagan con su trabajo?

El 21 de mayo los militantes del PSOE elegirán a su Secretario General. El partido está hoy dividido en dos bandos: quienes se negaron a permitir el gobierno del PP y quienes violentaron todo lo imaginable para conseguir que los diputados del PSOE se abstuvieran para permitir el gobierno del PP. En el fondo no hay más. En la forma, lo que hay es esperpéntico.

Los compromisos de Felipe González con grandes empresarios, financieros y empresas multinacionales le obligaron a utilizar toda su influencia en el partido para librarse de Pedro Sánchez. Sánchez no solo se negaba a una gran coalición con el PP que las altas instancias económicas y políticas de Europa contemplaban como el escenario que tan bien les había servido en Alemania; Sánchez se negaba a pactar con Rajoy; Sánchez se negaba a permitir con la abstención del PSOE que España volviera a caer bajo la férula de un partido inhumano e indecente.  Lo que vino después sobra. Lo sabemos todos. Importa lo que ahora está ocurriendo.

González y las élites del partido ponen a Susana Díaz a dar la cara para evitar que  Pedro Sánchez recupere la Secretaria General devolviendo el partido a sus orígenes socialdemócratas. No hace falta programa, creen. No hace falta que Susana Díaz haga grandes esfuerzos por memorizar un argumentario bien trabado que convenza a los militantes de su idoneidad como líder del partido y luego candidata a la presidencia del gobierno. Los pringados saben que tras ella están los notables del partido. Basta hacerles creer que votar por ella será como votar por el mítico Felipe; será volver a votar con el triunfo asegurado; será votar con el entusiasmo de aquellos pringados que celebraban los triunfos de sus candidatos socialistas, también conocidos en aquella época como la beautiful people.  Susana Díaz, bien maquillada porque ya se sabe que España es machista, repite lo que le han dicho que repita; que va a ganar. Habla de amor, de entrega, de unión fraternal empezando las frases con un pianísimo sugerente que poco a poco va creciendo hasta llegar a un clímax de gritos aplaudidos por el respetable. Eso, repetido en todas partes porque a martillazos se hunde el clavo, y promocionado en los medios más importantes, todos ellos grandes empresas interesadas también en conservar el statu quo, hará que Susana gane de calle. Luego será cosa de convencer a los pringados de todo el país para que la voten en unas elecciones generales. En esas no ganará, pero podrá quedar en segundo lugar, lo que haría posible en España el esplendoroso milagro de la gran coalición con el PP por el que suspira toda la derecha europea.

El día 21 llegará la hora de los pringados; la hora en que los pringados militantes del PSOE dirán en las primarias si ya han sucumbido a la resignación, como los pringados que siguen votando al PP, o si, por el contrario, están dispuestos a votar por un programa dictado por la esperanza de devolver a este país un gobierno que gestione los recursos para el bienestar de los ciudadanos. El día 21 serán los pringados los que decidan si están dispuestos a dejarse engañar por enésima vez o si dan el voto a uno que sacrificó su carrera política por no faltar a su palabra dada a militantes y votantes.

Dicen que el ejemplo de los políticos se contagia a toda la sociedad. El día 21, los pringados militantes del PSOE podrán demostrar si se han contagiado por la miasma que desprenden los políticos corruptos   y los que ejercen la política velando exclusivamente por los intereses de sus partidos sin cumplir con quienes les pagan, o si se han dejado contagiar por la esperanza de regenerar la vida política y social de este país avalando las propuestas socialdemócratas de Pedro Sánchez.

El día 21 los políticos tendrán que callar. Será la hora de los pringados.

 

 

Los nuevos zorros viejos

Artículo publicado en Publicoscopia el 8 de mayo de 2015 y en notas de Facebook el 17 de diciembre de 2015

Escribí este artículo el 8 de mayo, a poco de las elecciones municipales. Comentaba el resultado de las andaluzas y los pactos necesarios para gobernar esa comunidad. Los comentarios valen para las generales del domingo. Nada ha cambiado, solo se ha concentrado aumentando el peligro.
Los medios de comunicación están, casi todos, en manos de la derecha. Son empresas, y los empresarios no se van a disparar a los pies. Algunos periodistas comulgan en las misma iglesias que sus jefes; otros tienen familias que mantener y por lo tanto la obligación vital de defender sus puestos de trabajo. Este es el motivo por el que la campaña electoral, que empezó con las elecciones europeas y terminará mañana o el domingo, según se respeten o no las normas, ha sido, por parte de medios y periodistas, una campaña de auténtica y descarada manipulación.
La campaña estaba orientada hasta en su mínimos detalles a la destrucción del PSOE como alternativa de gobierno y hasta como principal partido de la oposición. En cuanto Pedro Sánchez fue elegido Secretario General, los periodistas se dedicaron a destacar los conflictos internos que la elección de Sánchez causaba en el partido. Durante meses se estuvo hablando de su colisión con Susana Díaz, conflicto que se destacó aún más cuando Pedro Sánchez fue elegido candidato a presidente de gobierno. Hoy mismo, una periodista le preguntaba a Sánchez en una cadena de radio, si volverían sus problemas con Susana Díaz en caso de que perdiera las elecciones. Poco sobre el candidato, prácticamente nada sobre su proyecto; de Pedro Sánchez solo se hablaba para destacar su debilidad o sus problemas en un partido abrumado por la conflictos y la división. Mensaje a la ciudadanía: si Pedro Sánchez es incapaz de gobernar su partido, ¿cómo va a gobernar a España?
Mientras tanto, los medios se esforzaban por fijar en todas las memorias la cara de dos hombres destinados a renovar la política, a regenerar las instituciones del país, a devolver a los ciudadanos el orgullo y la ilusión perdidos. Pablo Iglesias se presentó en las pantallas de televisión y en las portadas de los periódicos como el mesías de la izquierda que iba a reconstruir un país destrozado por el liberalismo salvaje y la corrupción. Albert Rivera se presentó como la alternativa para quienes no se atrevieran a un plato tan fuerte como el que ofrecía Podemos. Era el paladín del centro, de una derecha moderna, civilizada; era, como se ha dado en publicitar en los últimos días, el Adolfo Suárez redivivo que venía a regenerarlo todo sin rupturas traumáticas, sin innovaciones peligrosas. El último intento de la propaganda por controlar los votos que se le pudieran escapar al PP lo vimos el lunes. La Sexta los presentó ante su audiencia como las nuevas esperanzas ante las alternativas caducas que aparecían en otra televisión. Un contraste genial que dejaba a los españoles un mensaje clarísimo: PSOE y PP son los mismo, lo viejo, lo caduco. Podemos y Ciudadanos son un presente lleno de ilusión para lanzarnos hacia un futuro mejor.
Solo una minuciosa reflexión y un esfuerzo por informarse de la realidad de esos dos partidos y de sus dos líderes podía hacer que el ciudadano se sustrajera a esa propaganda hipnótica. El poder que había diseñado y forzado esa propaganda contaba con que la mayoría no tiene tiempo de reflexionar o de informarse. La propaganda no podía fallar. Hasta que su debate con Mariano Rajoy dió ocasión y tiempo a Pedro Sánchez de verse durante dos horas ante su contrincante, de mostrarse ante los españoles como alternativa de gobierno, de exponer sus propuestas -lo que hizo aunque algunos luego lo quisieran negar- de proponer a los votantes la rotunda disyuntiva: es ese señor indecente o yo.
Porque digan lo que digan las encuestas, también cocinadas por el poder, la posibilidad de formar gobierno la tendrán dos partidos: el PSOE o el PP. Lo que esos nuevos, que de nuevos no tienen otra cosa que su imagen, tienen en sus manos es decidir a cual de los dos dan sus votos para que pueda gobernar. Podemos ha aspirado desde el principio arrancar al PSOE todos los votos posibles para subir a su costa. Sabe que no puede ganar, así que lo que importa es sacar el mayor número posible de diputados para llenar las arcas del partido y poder seguir dando guerra, o mejor, dando espectáculo. Ciudadanos tiene un compromiso con la derecha que le creó el partido. Sabe que su obligación es dar sus votos al PP para que pueda retener el poder, como hizo en Madrid. Un partido que en Andalucía se proclamó el vengador contra la corrupción, no tuvo reparo de entregar sus votos al PP de la comunidad con más casos de corrupción de toda España. Pero en Andalucía se los dio al PSOE con lo que, dicen, demuestra ser de centro. Falso. Aunque hubiera dado sus votos al PP de Andalucía, la suma no alcanzaba para desbancar al PSOE. No quedaba otro remedio que apoyar al PSOE para evitar nuevas elecciones que sin duda pasarían factura a quienes no habían hecho posible la creación de gobierno.
De estos dos viejos nuevos va a depender el futuro de nuestro país.